Soy de la idea de que antes de
concretar una relación, se debieron de haber presentado varias citas, ya sabes,
el poder conocer sobre los gustos e intereses de la otra persona, para que después
no te encuentres con sorpresas y disgustos; en una ocasión me toco conocer a un
hombre bastante atractivo, interesante con un toque de arrogancia, el exacto
para llamar la atención de una mujer como yo, era caballeroso, inteligente, amable, casi
perfecto. Al cabo de varias citas, había algo que llamo mi atención sobre él, a
pesar de verse muy seguro de sí mismo, en este tema del amor, no reflejaba para
nada esa cualidad que le hubiera ido muy bien, algunas veces mostraba mucho interés
en dar el siguiente paso, y después ya no, a veces sí, luego no y así.
Recuerdo muy bien la última
cita que tuvimos, me dijo que tenía que ser sincero conmigo, que se sentía avergonzado
por hacerme perder mi tiempo, pero que realmente no estaba interesado en tener
una relación seria y no estaba preparado para ello (como si existieran cursos
de como enamorarte, pensé yo), después de escucharlo como por 20 minutos
tratando de explicar y excusar algo que había muy en el fondo de su decisión,
lo único que le dije fue:
-¿Cómo se llama?
-¿Quién?, respondió.
- La mujer que te rompió el corazón.
De pronto levanto la mirada
sorprendido, como si un frió extremo le hubiera recorrido su cuerpo o un balde
de agua le hubiera caído de la nada. Hubo un largo silencio seguido de un
cambio de tema repentino de su parte.
No me molesto lo que ocurrió
aquella ocasión, ni su decisión, lo único que sentí fue una terrible tristeza
al conocer a alguien con cualidades hermosas, que no son fáciles de encontrar en
estos tiempos, con un corazón lastimado y uno de los defectos más absurdos, el
miedo al amor.
Cuando nos despedimos le di un
fuerte abrazo deseando que encontrara el valor de recuperar la felicidad en su
vida, junto con una nota que decía:
“Quizás el truco esta
entregarse como si nada fuera a doler. A la vida, al amor, al sexo, a la poesía;
incluso entregarte a ti mismo. Como si fueran a prohibirlo todo mañana” –
Carlos Miguel Cortés.
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