Fue una noche del 19 de
octubre del año en que mi vida se tornó gris, después de terminar una llamada
con él, de unos cuatro minutos, los minutos más eternos, más difíciles y
dolorosos, la llamada en la que fui la mejor actriz, me mostré fuerte, decidida,
firme, como si supiera de verdad lo que decía; las palabras que pronuncie
aquella noche parecían realmente describir lo que sentía, no fue así.
Pasaron dos minutos después de
colgar, sonó mi celular, era un mensaje de él. Para ese entonces yo me sentía como
en aquella escena en la que Alicia del país de las maravillas había tomado la
pastilla que la hacía crecer y lloraba tanto que inundaba todo, tenía mi
corazón hecho pedazos. El mensaje decía:
“Me
dueles mucho, pensé que podía olvidarte como tú lo has hecho, pensé ser un
roble, pero… Soy más frágil que una hoja de otoño, buenas noches”
En ese momento supe que me había
creído cuando le dije que no lo extrañaba, que estaba mejor que nunca, que las
cosas iban bien sin él y que empezara a hacerse la idea de que nunca habría un “nosotros”
de nuevo. “Pensé que podía olvidarte como
tú lo has hecho” pasaba esa oración una y otra vez por mi mente, ¿Cómo yo
lo he hecho? yo estaba loca por ese hombre desde el primer día en que cruzamos
miradas, lo amaba como a nadie a mis 18 años, quería amarlo a mis 80 y más aún hasta
la eternidad, nada había cambiado.
Hubo un error grave en todo esto, el querer actuar conforme me dictaba la razón y no el corazón ¿Por qué?, algún día anterior a todo lo sucedido, me encontraba en medio de la confusión y encontré una frase que decía: “A veces el corazón necesita más tiempo para aceptar las cosas que tu cerebro ya sabía” pensé que mi cerebro decía que era mejor para ambos separarnos, mi corazón no quería, pero con esta frase pensé que solo le tomaría tiempo entenderlo, sería difícil pero al final todo estaría bien y ambos estaríamos agradecidos por la decisión; unido a todos los comentarios que recibía de amigos, no tan amigos y de mi familia, comentarios como: “Tranquila, fue una buena decisión”, “No te preocupes encontraras a alguien mejor” “Esta bien, no coincidían mucho” entre otros. Pensé que era lo correcto, pero realmente nunca lo fue para mí, tal vez para los demás, pero para mí no.
¿Cómo podía confiar en todo
eso? Esa frase fue hecha por alguien en algún lugar, en algún tiempo como
resultado de una situación que vivió, era su caso, no el mío, porque un
acontecimiento no puede pasar dos veces del mismo modo. ¿Cómo pude pensar que
esa enseñanza de aquella persona también era mía? ¿En qué momento deje que las
personas se volvieran árbitro de un juego que no era suyo? ellos no sabían lo
que se sentía estar a su lado, besarlo, estar en sus brazos cuando todo iba
mal, no sabían cómo nos apoyábamos, nos motivábamos a sacar lo mejor de nosotros,
a no darnos por vencidos, ambos éramos nuestra inspiración a ser mejores cada
día.
¡Dios!, el tiempo se detenía
cuando bailábamos, no existía nadie más alrededor que nosotros amándonos con
nuestras miradas, con nuestro silencio, estábamos ahí siempre siendo felices,
riendo sin parar, platicando, llorando, existiendo el uno para el otro… El único
problema fue que éramos tan diferentes que no supimos cómo afrontarlo, “pequeño
gran problema” que como todo tenía solución, pero no la buscamos.
Pensé en llamarle y decir que había
mentido, declarar toda la verdad y decir que no podía imaginar otro día mas engañándolo
sobre lo que sentía, no lo hice, fui cobarde, me di por vencida fácilmente.
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