domingo, 18 de septiembre de 2016

Si pudiéramos cobrar a las personas todo aquello que nos han quedado a deber.


No, no escribiré de un contexto monetario, me refiero a algo más valioso e importante. De todo para muchos, de nada para otros.


El error más común que cometemos es esperar demasiado de los demás, esperar a que te den en la medida que tú das: amor, cariño, tiempo, empeño y al final terminas decepcionándote porque no importa cuánto te esfuerces las personas no van a pagar del mismo modo. Y no quiere decir que das con el interés de recibir algo a cambio, es decir, no riegas el rosal para que puedas lucrar con las rosas, riegas el rosal simplemente porque esperas que a cambio adorne tu jardín con su belleza. La diferencia se encuentra en que uno brinda beneficios y el otro sentimientos.

Hablemos de números. ¿Te imaginas cuántas personas estarían en tu “lista negra” por endeudamiento?... Si en los últimos meses que han pasado pudiera cobrar a las personas por aquello que nunca “pagaron”, me deberían 8 madrugadas que no estuvieron para escucharme cuando más lo necesitaba y yo si lo hice con ellos, 10 abrazos verdaderos de esos que reparan el alma, 24 mensajes de texto deseándome un buen día, 156 frases para levantar el ánimo, 14 llamadas, 5 visitas inesperadas, 2 cartas escritas con sinceridad y un enamoramiento verdadero.

¡Imagina!, sería una locura. Lo importante es que todo lo que diste te será devuelto en igual o mayor proporción, no por la misma persona, será por la persona indicada, en el momento indicado. Toda inversión que haces con el corazón te será recompensada siempre, así que no te preocupes, no hay nada que cobrar, la vida misma se encarga de cobrar y de pagar a cada quien en la proporción que merece.

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