Existen historias de amor
innumerables que sí se plasmarán en algún libro,seguramente este
tendría páginas infinitas, pero como en toda historia que tiene comienzo hay un
fin, algunas logran sobrevivir al pasar de los años, pero algunas otras no,
¿Por qué?
Al hablar de historias de amor, me
refiero a esas que son propiedad de novios, de matrimonios e incluso de las que
nunca comenzaron ni en un noviazgo pero dan mucho para contar sobre ellas.
Puedo afirmar que todas las
personas hemos pasado por el proceso del término de una relación, a veces
resulta fácil y en algunas otras es difícil e incluso doloroso.
El amor es el arma más poderosa del universo, es un poder sumamente
grande, un dominio que nos toma completamente, si te dejas atrapar te hace
volar pero también te hace desatar grandes guerras en tu interior, por esto y
más, podemos deducir que un amor nunca muere naturalmente, no tiene un ciclo
establecido donde la fase final sea “muerte”, como lo es en el ciclo de la
vida, no es un proceso fijo, ni un principio fundamentado.
Cuando una relación termina se debe
a diversos factores que intervienen en ella; recurriré a la común metáfora de que
el amor es como una semilla, que se convierte en una bella flor, va creciendo conforme pasa el tiempo y para
que no se marchite necesitas cuidarla, regarla y protegerla de aquellos factores que pudieran “matarla”.
Y es que el amor es así, si no lo
proteges y cuidas, si no le dedicas tiempo e incluso sacrificas algo para que
este pueda dar frutos se va acabando, el amor termina por falta de tiempo, por
falta de interés, termina por que tu amante principal (pareja), pasa a segundo término,
te vuelves amante del trabajo, amante del dinero, amante de lo material, amante
del camino fácil, prefieres no tener responsabilidades, “te haces menos
sensible y más piedra”.
El amor muere por ceguera, muere de
errores y traiciones, muere de cansancio y desinterés, muere por que no eres
capaz de seguir luchando, muere por que tus debilidades, tus errores y tu orgullo
es mayor que él, al grado de marchitar poco a poco lo que tienes hasta que al
final ya no queda nada.
Terminar una relación de noviazgo,
terminar con un matrimonio, es uno de los procesos más difíciles que tenemos en
nuestras vidas, cuenta como una pérdida y muy dolorosa, que al final siempre tendrás
presente, pueden pasar dos meses, un año y estará ahí pero aprendes a vivir con
ello, al final ya no duele, al final solo te enseña a ser más fuerte.
Si has pasado por este proceso o lo
estás pasando actualmente, debes ser fuerte y tener en mente que terminar una relación
no es malo, no es un fracaso, ni mucho menos una mala decisión, fracaso es
seguir en una relación que no da frutos, que carece de evolución que no te
inspira a ser mejor, que simplemente no vale el tiempo, no vale los besos, no
vale las lágrimas, no vale la pena.
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